Empezó a los doce años tocando el trombón en procesiones y en el circo, junto a su padre; a los veintidós ganó el concurso de primer trombón de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Después vinieron casi diez años en la Academia de Santa Cecilia de Roma, las bandas de sonido de Nino Rota —El Padrino entre ellas—, Colombia, Palermo y, de vuelta en Buenos Aires, la Orquesta Filarmónica. Para el ambiente del trombón argentino es, sencillamente, «el ícono»; para el Posaunenchor Temperley, «Gasparoni», uno de los suyos.
Gaspar Roque Licciardone nació en Buenos Aires el 12 de julio de 1943. En el Posaunenchor Temperley se lo conoce con afecto como «Gasparoni». Se inició en la música a los doce años, de la mano de su padre, el profesor Pedro (Ricardo) Licciardone —cornista y trombonista, suboficial de la banda del Ejército Argentino y, en palabras del propio Gaspar, «un excelente músico»—. La escena del comienzo la contó él mismo muchos años después: su padre «me puso el trombón en la boca» un día de Carnaval en que el chico prefería irse al baile infantil con los demás.
De muy joven tocaba en procesiones y en el circo para ganarse algún peso —«una chombita, una remerita… o darle algo a la vieja»—; los domingos hacía las procesiones con su padre en una banda de puros italianos, con gorra y saco azul. Más tarde entró de voluntario a la banda del Ejército, la misma en la que servía su padre. Su formación académica pasó primero por el Conservatorio Municipal de Música «Manuel de Falla», donde estudió con el maestro José Mazzitelli —primer trombón de la Orquesta Filarmónica—, y luego por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, con el maestro Cayetano Carbone, primer trombón de la Orquesta Estable del Colón y de la Sinfónica Nacional, y viejo amigo de su padre.
De aquellos años quedó una anécdota que a Gaspar le gustaba repetir: seguía a Carbone por la calle Viamonte «como un perrito», desde la salida del Colón hasta la casa del maestro —en Libertad y Viamonte—, hasta que un día se animó a presentarse: «yo soy el hijo de Pedro Licciardone, toco el trombón y quisiera tomar clase con usted». Las clases eran de madrugada, en el primer subsuelo del Colón, en la herrería, frente a un pizarrón con dos pentagramas dibujados que a él le parecía «el fantasma de la ópera».
En 1965, con apenas veintidós años, Gaspar ganó por concurso el puesto de primer trombón de la Orquesta Estable del Teatro Colón —la orquesta de la ópera—, donde permaneció hasta 1969. Ese año, mientras el teatro montaba Aida, el director italiano Fernando Previtali —figura mayor de la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma— llegó a Buenos Aires, lo llamó al camarín y le tomó una audición de cerca de una hora: Gaspar tocó trompeta baja, bombardino y trombón. La invitación cristalizó de inmediato.
En octubre de 1969 se sumó a la orquesta de Santa Cecilia en plena gira: primero Montreal, luego los Estados Unidos y finalmente Italia, con obras como El pájaro de fuego de Stravinsky en el atril. Según la biografía oficial del festival Trombonanza, había sido invitado por Previtali a audicionar como solista en esa orquesta, cargo que ganó y ocupó durante nueve años —él mismo lo redondea en «casi diez años»—, con giras por todo el mundo bajo directores de primer nivel.1
En Roma, como primer trombón de la Unione Musicisti di Roma, Gaspar entró de lleno en el mundo de la música de películas. «Yo soy el primer trombón de El Padrino», contaba; «grabé infinidad de películas que ahora no me acuerdo los títulos, porque eso era con la Unión de Músicos de Roma, y yo era primer trombón de la Unión de Músicos». Allí conoció a Nino Rota y grabó, entre otras, la música de El Padrino (partes I y II) y de Amarcord de Fellini, además de sesiones bajo la batuta de Ennio Morricone, Carlo Savina y el propio Rota.2
El episodio del que más se enorgullecía es el del Concierto para trombón de Nino Rota. Según su relato, Pierluigi Urbini —subdirector de la orquesta de Santa Cecilia— lo convocó para tocarlo en un concierto en la RAI de Nápoles, con la orquesta de cámara Alessandro Scarlatti; lo preparó en una sola semana, fue «un éxito total» y luego lo repitió en Roma, Florencia y Bari. Es una de sus grandes historias de vida.3
«Alma viajera que soy», se definía. Entre 1978 y 1981 se integró como solista a la Orquesta Sinfónica de Colombia, en Bogotá —él lo redondeaba en «casi cuatro años»—. En 1981 volvió a la Argentina «para sus pagos» y, tras ganar el concurso correspondiente, se incorporó como trombón solista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires —la orquesta sinfónica que también reside en el Teatro Colón—, puesto que ocupa desde 1983 y en el que finalmente se jubiló.
Conviene precisar el cargo, porque cambia con el tiempo: su biografía lo presenta como «trombón solista» de la Filarmónica, pero el padrón oficial del Teatro Colón de 2024 lo lista, en la fila de trombones tenores, como «suplente de solista», con Víctor Gervini como solista. Ambas lecturas son ciertas en su momento: la de «solista» es la histórica y autorreportada; la de «suplente de solista», la del registro vigente reciente.
A esa geografía orquestal todavía le falta un capítulo italiano: entre 1990 y 1993 fue solista de la Orquesta del Teatro Massimo de Palermo, en Sicilia. Sumadas todas, sus «casas» abarcan cuatro países y medio siglo de música.
Además de su carrera orquestal, Gaspar es parte de la historia del Posaunenchor Temperley, donde figura como Trombón 2° y donde el coro lo cuenta entre los suyos con el apodo de «Gasparoni». Su vínculo con el coro se prolonga en el Buenos Aires Tuba Quartett —el cuarteto de bronces graves que debutó en 1997—, en el que tocó el eufonio junto a compañeros del propio coro como Eduardo López, y en la red de músicos que rodea a nombres como Patricio Cosentino y Pedro Pulzován.
Esa cercanía dejó una marca duradera en la transmisión del oficio dentro de la agrupación: Gaspar fue uno de los maestros de Enrique «Heini» Schneebeli, hoy director del coro, en una línea de escuela que se hereda de generación en generación. Cuando Heini enumera a sus maestros argentinos, los dos que nombra —Gaspar Licciardone y Eduardo López— salieron, como él, del semillero del Posaunenchor.
Buena parte de lo que se sabe de Gaspar sale de su propia voz: dos videos en los que cuenta su vida y su carrera de primera mano, más registros de cámara y una obra grabada con su participación. Aquí, los enlaces reales.
A esa lista se suman, según su biografía y su propio testimonio, participaciones como músico de sesión en el cine italiano de los años setenta —El Padrino I y II, Amarcord, sesiones con Morricone— y, mencionada sólo por su ficha, la banda de sonido de Evita (a confirmar: sin créditos de sesión localizados). También circula, por testimonio de terceros, una gira de un año y medio con Julio Iglesias (a confirmar).
Gaspar es el símbolo del trombón en la Argentina.Rubén Carughi · co-creador de Trombonanza y ex alumno · 2015
Con el tiempo, Gaspar pasó de discípulo a cabeza de una escuela. Fue docente en la Orquesta Académica del Teatro Colón y profesor fundador del festival Trombonanza de Santa Fe, donde da masterclasses desde su primera edición, en 2002. Su magisterio quedó reconocido de la forma más explícita posible: la audición de trombón y tuba de Trombonanza —por la que se selecciona a quienes tocan junto a la Orquesta Sinfónica de Santa Fe— lleva su nombre, «Concurso Gaspar Licciardone», al menos desde 2019.
Entre sus alumnos hay nombres de peso del trombón argentino. Pablo Fenoglio —hoy solista principal de la Orquesta Estable del Teatro Colón y Premio Konex 2019— lo cita entre sus maestros; Rubén Carughi, co-creador de Trombonanza, fue su alumno; y Enrique «Heini» Schneebeli, actual director del Posaunenchor Temperley, se formó también con él. En 2014 el festival Trombonanza le dedicó su edición completa, y el trombonista y compositor estadounidense Irvin Wagner escribió para la ocasión una obra titulada, con humor y cariño, «El Padrino Gaspar».
Su legado también quedó por escrito: es coautor, junto a Silverio Valeriani, de un método de trombón —«Metodo per trombone — esercizi per lo sviluppo della tecnica trombonistica»— publicado por la editorial Berben, de Ancona (catálogo BE5390, ~87 páginas) (año de edición a confirmar).
Notas. 1 «Nueve años» es la cifra de su biografía oficial (Trombonanza / Konex); en la auto-reseña de 2020 él lo redondea en «diez años». Las fechas exactas del período romano están deducidas de la cronología general y no verificadas en el archivo de Santa Cecilia (a confirmar). 2 El Padrino I y II y Amarcord están sostenidos por su propio testimonio y el de Rubén Carughi; no se localizaron créditos de sesión nominales. 3 Su relato ubica el estreno de la obra de Rota en Milán con «Claudio Ferrari»; la documentación indica que el dedicatario y estrenante fue Bruno Ferrari, en Milán, el 6 de marzo de 1969. Por eso la ejecución napolitana de Gaspar se presenta como parte de su historia, sin llamarla estreno mundial.
Fuentes: archivo del Posaunenchor Temperley; biografía oficial de Gaspar Licciardone en Trombonanza; ficha de la Fundación Konex; padrón oficial de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires del Teatro Colón (2024); entrevista en LT10 «Radiorevista» (2015) y auto-reseña para la Escuela Latinoamericana de Trombón (2020); ficha del «Metodo per trombone» (Berben, cat. BE5390); álbum Luis Zubillaga: Música de Cámara y Sinfónica, Vol. 1 (Irco Video, 2002). Sobre el Concierto para trombón de Nino Rota, la enciclopedia consultada consigna su estreno mundial en Milán (1969) con Bruno Ferrari.