En 1988, el Posaunenchor Temperley era una agrupación de la Iglesia Evangélica Alemana de un suburbio del sur del Gran Buenos Aires, con treinta integrantes y la mitad de ellos en edad escolar. Su director tenía veintiocho años y una idea que todos consideraron descabellada: llevar el coro a Alemania. Para conseguirlo escribió trescientas cartas a coros de bronces de la entonces República Federal. Volvieron sesenta respuestas. Con eso alcanzó.
El relato lo dejó escrito, en su momento, alguien del propio coro, en el texto que el archivo titula «Época Dorada 1989–1998»:
Luego de mucha convivencia, trabajo, crecimiento y aprendizaje, Martin Huss tiene la descabellada idea de realizar una gira por Alemania. Se empeña en la tarea de enviar 300 cartas a distintos coros de bronces en la, por aquel entonces, República Federal de Alemania. Este tipo de locuras son normales en Martin. Recibió de esas 300 cartas, apenas 60 respuestas, lugares en los cuales se ofrecieron los conciertos en la gira.— Texto de época, archivo del coro
No fue una ocurrencia aislada. Venía preparándose desde hacía años: los viajes al Litoral y a Chile, la gira conjunta de 1985 con Villa Ballester y Martínez por Uruguay, Paraguay y Misiones —4.800 kilómetros y veintitrés conciertos en veinte días—, los retiros de Baradero, la autorización para usar el logo del Posaunenwerk de la Iglesia Evangélica de Alemania. El coro ya sabía viajar. Le faltaba el océano.
El puente lo tendieron las visitas de 1988. Ese año llegaron a Temperley el coro de bronces del Pastor Stehle, de Schorndorf, el del Pastor Arning, de Versmold, y el matrimonio Maas —los fundadores, de visita veintiún años después de su regreso a Alemania—. El 15 de octubre de 1988, en el Colegio Alemán de Temperley, argentinos y alemanes dieron juntos el 1° Encuentro Internacional de Coros de Bronces, con dirección compartida de Paul Gaiser y Martin Huss, y un programa que iba del barroco a Yesterday. De ese encuentro salió la certeza de que el viaje era posible.
La gira ocupó enero y febrero de 1989 y llevó al coro por más de ochenta ciudades de Alemania. Fue —dice la historia del coro— el punto culminante de la década: el momento en que la agrupación de Temperley dejó de ser un grupo parroquial que hacía giras por el interior y pasó a ser un coro de bronces argentino de gira por el país donde esa tradición había nacido cuatro siglos antes.
El número exacto de conciertos es una de esas cosas que el archivo cuenta de tres maneras: los registros internos consignan 61; el programa de mano de 1997 dice 90; y el del 24 de agosto de ese mismo año, 60. Ninguna versión se descartó: quedan las tres anotadas, como corresponde a un archivo que prefiere la discrepancia honesta al número redondeado.
Las fotos que se conservan permiten poner nombre a algunas de esas paradas: Vierkirchen, Reutlingen, el Killesberg de Stuttgart y Hannover — once años antes de que el coro volviera a esa misma ciudad para la Expo 2000.
La gira de 1989 abrió el ciclo que el propio coro llama su Época Dorada. Al año siguiente Martin Huss recibió una beca para estudiar dirección de coros de bronces en Alemania —consecuencia directa de los contactos del viaje— y el coro siguió funcionando dos años bajo la dirección de Inke Frosch. Cuando Huss volvió, en 1992, empezó la camada de chicos que hoy ocupa atriles en el Teatro Colón, la Sinfónica Nacional y orquestas de Alemania.
Y abrió, sobre todo, un camino que el coro no dejó de recorrer: la segunda gira europea de 1998 —cincuenta y cinco conciertos por Alemania, Polonia y Suiza—, la Expo 2000 de Hannover, la Deutschlandtournee «Valium Brass» de 2008 que terminó en el récord Guinness de Leipzig, y la quinta gira de 2016. Cinco viajes a Europa que empezaron con un joven de veintiocho años escribiendo trescientas cartas.